sábado, 18 de diciembre de 2010

Llueve

  Llueve.

   Sé que no es novedad, en vísperas de la Navidad, el frío y la lluvia no debe ser nada nuevo pero no por ello dejan de ser días tristes y melancólicos.

    Las ciudades no están hechas para la lluvia, las ceras resbalan,los contenedores rezuman y el transitar se hace casi imposible, y no me refiero sólo al asfalto. Sobre las aceras se produce un fenómeno, que no por conocido, deja de ser molesto y en donde te sitúas en una difícilposición. El atasco paragüil, si, ese momento de duda en donde miras a tu contrincante dudando si ser tú el que levante al paraguas por encima de la vaya que oculta de ojos indiscretos las vergüenza de lo que antaño fue el orgullo de la corona (las obras).

  Pese a todo consigues alcanzar tu objetivo para unos llegar a un centro comercial, para otros a la cafetería, el trabajo, una tienda etc... tantos sitios como personas hay).

    Las puertas de cristal se abren y una exhalación de calor, como si del interior de un ddragón, te recibem obligándote  a desvestirte y a tener que bregar desde ese momento con el abrigo, la bufanda y el paraguas..... compras algo y tus problemas crecen.

    En fin, prefiero 4 horas sobre la bici, bajo una solana, o con un frío gélido que tener que luchar bajo la lluvia con el espíritu navideño.